22 diciembre 2006

 

La otra baja... que yo vi. (3)


Hay que recordar que África no es Europa, que el tiempo allí no existe, que las mediciones del día las marca el sol y de la noche la luna y las constelaciones. Que cualquier emergencia deja de ser importante sin medios, que estamos más allá de nuestro tiempo y para verificarlo, solo había que acompañar la visita a la ciudad de piedras. Un pueblo fantasma que reinó en la ruta de la seda del pasado, millones de piedras amontonados en desorden de callejuelas estrechas donde se distinguen las clases sociales que allí habitaron, y en las que aparecen caras de niños dibujando sonrisas y buscando recompensas, aquello sin duda tuvo mejor vida en la antigüedad, ahora es morada de las ratas del desierto y la soledad de un pueblo sin futuro.
Y de ahí nos dirigimos a las arenas eternas, cruzar una franja de 50 km de mares de dunas siempre es un placer, con aquello en la garganta, de donde habrá salido tantas dunas de arena madre, planas triangulares, cóncavas, montañosas, onduladas, con crestas, aunque la mayoría con trampas divertidas. Que desaparezca media moto en el paso es lotería para todos. Que se te clave y salgas por las orejas tiene su encanto, de no ser por el revolcón de arena y la jodienda del desentierro.
En cualquier caso la etapa de Ouadanne a Chingueti es de lo más bonito de esta ruta, navegar por el Ouat y mantener el paso sin perderte, ni liarte en medio de las dunas es difícil, pero apasionante.
Allá en medio de una enorme playa sin agua, se encuentra sepultada la ciudad del patrimonio de la humanidad, Chingueti, precisamente por ello fue declarada de interés mundial. Imaginaros Venecia pero en vez de agua arena, el resto se lo pueden imaginar, palmeras en vez de góndolas y burros en vez de palomas. A mi me recuerda un pasaje del evangelio, no se cual, todos son parecidos. El Ouat es la vértebra principal que separa el antiguo del nuevo pueblo. Me hubiese gustado ver una carrera de camellos en el lugar. Por lo visto son famosas, vienen corredores de todo el Adrar. Puestos a pedir prefiero ver una pasada del Dakar, que ya las habido espectaculares.
También se asientan los hoteles más bonitos en sus riberas, bueno hoteles, lo que hay. Suponiendo que el Ouat fuera de agua, claro. Imaginar un río plano de 200 metros de ancho de arena en medio de las dunas, eso es un Ouat.
Mamé visitó el médico, que le atendió bien. Convencido que hacía un gran servicio a un ciudadano español, no en vano el hospital de Chingueti se lo regalo España a este pueblo. En el pasado fue su majestad a la inauguración. No es que Mame fuera su majestad, pero algo debió pensar el doctor cuando le dejó una buena propina, creo que cuatrocientas pesetas, lo digo así, para que nos resulte más dinero a nosotros, evidentemente, para ellos es el sueldo del mes y si las vieras en “Uguillas” te convencías de que es mucho dinero o al menos mucho papel.
Todavía no conozco la biblioteca, empieza a remorderme la conciencia por el desliz de una visita omitida, sé que es antigua, por los forros de los libros lo podrán comprobar en alguna foto, también e visto la llave de la puerta, una virguería artesanal y nosotros con cierres centralizados y rayos infrarrojos. Dentro, si consigues ubicarte en el tiempo, verás el milagro de la conservación pura y dura. Temo que aquello no puede aguantar el paso y peso de los turistas europeos que empiezan a llegar en grupos numerosos.
Lo que es de flipar, es que los negros espabilados, conozcan a los jugadores del Madrid y del barca, que las cabras limpien las calles comiendo los papeles y empiecen aflorar tiendas de turistas. Todavía recuerdo cuando Ángel compró una puerta vieja de madera de acacia, y se la llevó arrastrando por todo el Ouat hasta el hotel vestido de Hawaiano, tenías que ver la pinta de saqueador, Espero que no vayan muchos ángeles o demonios, si no, dejan la ciudad sin puertas.

Continuará

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